Más allá del prejuicio: una etnografía en Scientology
Por: Gabriela Duarte
Llega el gran día, el tan esperado día que ha rondado por la cabeza de todos desde que el profe nos explicó qué era una etnografía. Desde ese momento, mis amigas y yo pensábamos constantemente en qué lugar íbamos a visitar. Hubo muchas ideas, muchos lugares, experiencias y curiosidades que queríamos investigar, desde viajar a Cartagena o La Guajira hasta ir a una unidad de cuidados intensivos.
Mi primer acercamiento a la idea de visitar el lugar a donde fuimos fue durante una conversación con mi papá mientras buscábamos algo de cenar.
—Papi, mira que para mi clase de investigación social debo hacer una etnografía.
—¿Qué es una etnografía?
—Es un método de investigación en el cual se estudian las culturas, costumbres, creencias y prácticas de grupos humanos específicos, pero sin caer en el etnocentrismo, o sea, sin empezar a juzgar de acuerdo con mi cultura o mis creencias, etc.
—¿Y qué has pensado?
—Es que no sé, no se nos ocurrió nada. Pensé en ese lugar de Gnosis que mencionó mi mamá el otro día.
—Puede ser, se me ocurre algo… Si le dices a Mari Forero para ver si las puede dejar entrar a una UCI.
—Ay sí, sería súper. Siento que sería súper duro, pero súper buena idea.
Mari Forero es una amiga de toda la vida. En algún momento fuimos casi primas, pero la vida de su mamá y de mi tío tomó otros rumbos. Aun así, es prácticamente la hermana que no tuve. Ella estudia medicina, está en octavo semestre y actualmente está en el área de pediatría.
Por esta razón pensé: “Obvio Mari sería nuestra portera, la que nos da el acceso a la UCI. El problema es que es algo muy delicado en términos de salud; sería un poco complicado que cuatro niñas entren, así como así”. Igualmente tenía que preguntarle, pero en efecto sí era un poco difícil.
¿Hasta qué punto una investigación académica justifica entrar a un espacio tan sensible como una UCI? ¿Dónde está el límite entre observar y respetar?
Les comenté a mis amigas que esa idea ya estaba descartada. Seguimos dando más ideas. Dani ha hecho voluntariados en Cartagena y en algún punto de esas conversaciones dijo:
—Pues vamos a Cartagena.
Hasta lo llegué a pensar en algún momento, pero ya todo estaba muy encima.
Le conté a mi papá que lo de la UCI ya estaba descartado y le dije:
—La otra sería ir a Gnosis.
Este lugar tiene una sede cerca a mi casa, así que paramos un momento al frente del lugar, le tomé foto y se la mandé a mis amigas. Llegué a mi casa a buscar información y encontré un artículo que decía: Gnosis, una de las sectas más peligrosas del mundo, investigada por secuestro de menores.
Cuando leí eso, preferí buscar otra opción. Además, el lugar donde está ubicado tampoco ayuda mucho: es en una casa que queda encima de una tienda Ara. Un poco sospechoso.
Pero, a todo esto, ¿qué es Gnosis? En términos sencillos, el gnosticismo fue un movimiento religioso dentro del cristianismo. Sostenía que la forma de escapar del sufrimiento terrenal era mediante la adquisición de conocimiento divino y secreto. La Iglesia cristiana lo consideraba herético debido a importantes diferencias con sus doctrinas oficiales.
Honestamente, es el día en que ni siquiera yo sabía bien qué era.
Y ahí aparece otra pregunta: ¿cuántas veces descartamos un lugar o una práctica no por entenderla, sino por el miedo o por cómo está representada?
Aunque suena interesante, en ese momento no nos dio nada de confianza ir allá. Le dije a mi papá lo que leí y dije:
—Ay, o puede ser Scientology.
¿Por qué yo conocía sobre Scientology? Ahora que lo pienso, tampoco estoy tan segura por qué. Lo más lejano que recuerdo es pasar por el edificio que queda en la 100 y preguntarle seguramente a mi tía, porque a veces nos gusta ir al centro comercial a cine cerca de ahí y creo que pasamos por allá algo así. Creo que pregunté más de una vez sobre ese lugar y nunca nadie me dio una respuesta clara.
Suena que esto pasó recientemente, pero no; puede que haya sido hace siete años o más. Desde chiquita observo mucho todo, y pasar por ese edificio no fue la excepción. Me generaba mucha curiosidad que fuera tan grande, los símbolos que tenía, cómo se veía el lobby en el primer piso y tal vez una respuesta eventual de: “Eso es una religión”.
Tiempo después, tuve una época en vacaciones en la que veía South Park todo el tiempo. En un capítulo escuché que nombraban a Scientology y ahí despertó toda mi curiosidad de nuevo. Esta etnografía era el momento ideal para quitarme esa curiosidad. ¿Hasta qué punto nuestras referencias previas (series, comentarios, recuerdos) influyen en la forma en que interpretamos un lugar antes de conocerlo?
Les dije a mis amigas que fuéramos ahí y me dijeron que sí. Hice una búsqueda en internet y tocaba registrarnos en la página web. Era un formulario pequeño: nombre, celular, correo. Pero hubo una que me hizo pensar: motivo de la visita.
No estaba realmente segura qué poner en ese espacio, si poner visita académica, únicamente visita o qué. Me daba algo de miedo poner visita académica y que no fuera posible. ¿Modificar el motivo de la visita afecta la ética de la investigación? ¿Ser completamente transparente puede cerrar puertas?
Pusimos la hora de la visita y listo. Inscribí a todas mis amigas y le tomé foto a la pantalla de confirmación: sábado 28 de marzo a las 11:00 a. m.

Figura 1. Formulario de reservación
Al día siguiente, salí de clase con Dani e Isa y Nata llegó corriendo a decirme:
—Habla.
Estaba en una llamada con un muchacho de Scientology. No tenía contexto de qué estaban hablando y, a la vez, me ponía algo nerviosa que vieran cómo nos pasábamos el teléfono. Como es evidente, les tenía mucho respeto por alguna razón; sentía que eran como rápidos de enfadar, ¿sabes?
¿De dónde viene esa sensación? ¿Es intuición o un prejuicio construido antes del contacto real?
Lo que nos querían preguntar era si habría posibilidad de ir el viernes en vez del sábado. Les dijimos que no podíamos y quedamos en el mismo sábado, pero a la 1:00 p. m.
El viernes nos reunimos en la universidad con Dani e Isa para hacer un trabajo de programación. Estábamos utilizando el computador de Dani porque era donde estaba bien descargado el programa, pero no terminamos ese día. Entonces quedamos de vernos a eso de las 9 en la casa de Isa para adelantar trabajo y de ahí Nata nos recogería.
Ese viernes, Dani nos contó que al contarle a sus papás le dijeron que eso era una secta y más cosas. Lo que me hizo sentir algo de duda y hasta culpa. ¿A dónde voy a meter a mis amigas? ¿Cuántos regaños se estarán ganando por mi culpa? ¿Los papás de Dani pensarán que estoy loca? ¿Hasta qué punto las opiniones externas influyen en la forma en que interpretamos una experiencia antes de vivirla?
Llegó el dichoso sábado 28. Primera pregunta del día: ¿qué me pongo?
Acostumbro a ponerme tops straplesses, se me ven los hombros, la clavícula. Pensé: ¿qué tal me miren mal por ir vestida de manera inapropiada? Escogí la opción más fresca y casual para un sábado de investigación: una camiseta.
¿Por qué le tenía tanto miedo a ir allá? Esa pregunta me generaba conflicto porque sentía que poco a poco iba cayendo en el peor error del investigador: el etnocentrismo.
Fui a hacer unas vueltas antes con mi papá y luego me llevó a donde Isa. Cuando llegué empezamos a hablar de la salida de campo: si nos daba miedo o si íbamos relajadas. Los papás de Isa ni siquiera sabían qué era Scientology. En ese momento, mientras Isa se terminaba de arreglar, me puse a buscar en TikTok experiencias de personas que habían ido. La verdad, todo se veía súper bien. También busqué el capítulo de South Park para mostrárselo a Isa.
South Park Scientology
Dejé un link de TikTok porque en YouTube está dividido como en cinco partes y este sintetiza el resto. En ese momento investigué todo lo relacionado: encontré cosas de supuestos niveles que vas desbloqueando. En este caso lo nombran en el capítulo porque uno de los personajes llegó al nivel más alto y le revelan el secreto detrás, que es el del video: que realmente los humanos venimos de las almas de unos alienígenas.
Sí, sé que suena totalmente raro, pero tiene algo más de sentido cuando encontré que su fundador, L. Ronald Hubbard, fue escritor de libros de ciencia ficción, entonces se entiende un poquito más el “chiste” o el secreto real.
¿Hasta qué punto esta información previa condiciona lo que estamos a punto de experimentar? ¿Estamos llegando abiertas o ya con una narrativa armada?
Finalmente llegó Dani, adelantamos el trabajo y Nata nos avisó que ya iba a ir por nosotras. Poco a poco empezaba a sentir más adrenalina. Cuando ya nos subimos al carro, les empecé a contar lo del capítulo, los niveles y todo eso. Nata estaba también algo asustada. Estábamos como a 30 minutos del edificio de Scientology, pero el tiempo se alargó un poquito más porque nos fuimos por el carril lento de la autopista sin querer, entonces le íbamos avisando al chico que nos había llamado antes que íbamos como 10 minutos atrasadas.
Empezamos a poner música, cantar, grabar videos, molestar. Pero cuando ya estábamos llegando empecé a sentir un miedo súper raro. Cantaba canciones de Bad Bunny mientras mi cabeza pensaba cómo sería la experiencia, qué iba a pasar cuando llegáramos y todo eso.
Estábamos frente a la puerta del parqueadero. Era gigante, pesada y gris. Cuando nos abrieron la puerta miramos hacia adentro y no se veía nada de nada.

Figura 2. Entrada vehicular edificio Scientology
Tuvimos una sobreexageración y empezamos a gritar, más loquitas.
Llegamos a la parte de abajo del parqueadero. No había muchos carros; lo que sí había era una entrada en medio de la nada prácticamente. Tenía una puerta de vidrio que estaba abierta, luz cálida, un cuadro y unas escaleras hacia arriba.

Figura 3. Puerta hacia Lobby
Nata terminó de parquear y estábamos muy nerviosas. Personalmente, sentía que podía ser una carga espiritual muy fuerte. Antes de bajarnos del carro hicimos una oración en la que le pedimos a Dios que nos cuidara, que nos diera entendimiento y sabiduría para afrontar lo que venía. ¿La espiritualidad propia influye en la forma en que interpretamos otras creencias? ¿Estamos abiertas o comparando constantemente?
Le avisamos a Mateo, el chico con el que hablábamos, que ya habíamos llegado.
Al llegar al primer piso, a mano izquierda estaba la persona que recibe a los que entran. Era un señor que me pareció algo extraño, no sé por qué, algo en su vibra no me cuadraba. ¿Esa percepción es intuición válida o un juicio inmediato?
Era de estatura promedio, ni alto ni bajo, tenía una barba gruesa, al igual que sus labios, gafas y era calvo. Estaba vestido muy formal. Al lado de él había dos chicas paradas, como de unos 20-22 años, muy de nuestro estilo.

Figura 4. Recepción Scientology
Mateo nos dijo que le dijéramos al recepcionista para que nos pusiera un video mientras él bajaba. Pero antes nos puso a llenar nuestros datos en un cuaderno que estaba sobre la mesa. Estaba medianamente lleno. Pasamos una por una, dejamos un dato sin llenar, creo que era el correo, y le dijimos al recepcionista que habíamos terminado. ¿Para qué se recolecta esta información? ¿Qué implica dejar datos personales en este tipo de espacios?
Nos llevó a unos sofás que estaban frente a una pantalla, no era muy lejos, como a unos 20 metros de donde nos encontrábamos. Eran unos televisores que en la parte de abajo tenían un módulo para hacerlo interactivo. Duró un rato tratando de cuadrarlo hasta que funcionó.
Isa se sentó con Nata y Dani se sentó conmigo. Al inicio todas nos empezamos a mirar entre nosotras un poco extrañadas, ya que no estábamos muy seguras de cómo nos sentíamos. Mientras transcurría el video notamos que era un poco antiguo.
Se veía como un libro de inglés y trataba temas como la dietética, explicando la mente reactiva y la analítica. El punto central era básicamente que la mente reactiva es todo lo que pasa cuando no estamos del todo conscientes y que explica muchas de las actitudes que podemos llegar a tener en momentos de nuestras vidas. ¿Es esta una simplificación útil o una forma de interpretar el comportamiento humano desde una sola lógica?
Un ejemplo que había en el video era: una persona está realizando un trabajo en una escalera, se cae, queda inconsciente, y la persona que estaba con él le dice “estás muy mal, tienes que ir a recostarte” y lo acuesta. En el futuro, cuando esa persona se sienta mal, tendrá el impulso de querer recostarse.
Aproximadamente duramos 10 minutos viendo el video. Mientras tanto, nos veíamos entre nosotras, mirábamos alrededor y noté que entraba mucha gente porque tenían un evento. También vi bajar a un niño por unas escaleras completamente solo. Me pareció un poco extraño, y alcancé a escuchar que una persona le preguntó su nombre y el de su mamá.
¿Estoy interpretando una situación aislada o hay dinámicas que no son evidentes a primera vista?
También estaba pendiente de quién era Mateo. Cuando llegó, nos saludó y paró el video. Mateo era una persona de estatura baja, tenía gafas, era joven y amable. Nos preguntó nuestros nombres y si veníamos de alguna universidad. Le dijimos nuestros nombres y que sí veníamos de la universidad, aunque siempre nos había causado mucha curiosidad conocer más sobre Scientology.
¿Decir que veníamos desde un interés académico cambia la forma en que nos presentan la información?
Nos dijo que fuéramos detrás de él para llenar unas tarjetas en las que pusimos nuestros nombres, cómo habíamos conocido Scientology y cuáles de sus cursos nos interesaban. Había muchos cursos para elegir, desde mejorar la comunicación asertiva hasta consumo de drogas. Nos invitó al evento que estaban celebrando y, aunque hubiera sido algo que complementaría la salida de campo, no contábamos con mucho tiempo.
¿En qué consistía esa celebración? ¿Era una conmemoración al fundador o una estrategia de integración para nuevos visitantes?
En la mesa en la que estábamos llenando las tarjetas solo había dos esferos y éramos cuatro personas. Él buscó amablemente otros dos por varios lugares. Me pareció que fue muy amable y atento con nosotras en todo momento.
Mateo nos llevó a la parte de atrás de donde estábamos. Esa zona estaba dividida por tablones de madera con información y sus respectivos televisores interactivos. En esta parte nos habló sobre el fundador, L. Ronald Hubbard. Había fotos en las que mostraban que fue a la Segunda Guerra Mundial, que fue escritor y también el creador del E-Meter, uno de los aparatos más importantes y utilizados allá.
En él tienes que sostener unas mancuernas conectadas a un indicador. Funciona como un detector de mentiras: te nombran situaciones de tu vida en las que tu parte espiritual está “quebrada”, o eso es lo que buscan, identificar cuál es el área afectada.
¿Es una herramienta objetiva o una forma de guiar la interpretación de las emociones personales?
Luego nos contó sobre Dianetics. Le dijimos que ya habíamos visto algo en el video inicial y nos respondió que habíamos empezado con uno muy complicado. Ahí siguió profundizando en el tema de la mente reactiva y nos dijo que íbamos a ver una película.
Nos llevó a una parte más lejana del lobby. Había varios puestos de trabajo y mesas, pero todo estaba desocupado. Se me hacía como un lugar desolado. Luego de subir una escalera pequeña llegamos a una sala en la que solo había un televisor encima de un mueble antiguo. Dentro del cajón del mueble había muchos CDs. Todo tenía una estética antigua, como de los 2000.
Había una mesa pesada y redonda en el centro, una decoración poco llamativa y un libro muy grueso con el título Dianetics. También había un cuadro del fundador, aunque se veía diferente a las fotos anteriores. ¿La estética del lugar es casual o construye una forma específica de percibir la información?

Figura 5. Salón de visualización
Mateo nos puso la película en CD. Estaba pausada anteriormente en la parte 8 de aproximadamente 25. Trató de devolverla, pero antes mostró mucha amabilidad y calidez buscándonos más sillas. Finalmente la puso desde el inicio. En el DVD se podía ver el tiempo de la película. Nos explicó que iría al evento mientras la veíamos.
Cuando Mateo se fue, nos cerró la puerta de vidrio que dividía la sala del resto del lobby vacío. Nos quedamos viendo la película y, al mismo tiempo, analizábamos el lugar donde estábamos.
Pude notar que debajo del televisor había algo que parecía una cámara. Al inicio pensé que era parte del televisor, pero tenía un cable, por lo que deduje que podría serlo. ¿Estábamos siendo observadas? ¿Eso cambia la forma en que actuamos o interpretamos la experiencia?

Figura 6. Televisor y cajonera
Mientras escuchábamos la película, empezamos a ojear el libro que estaba sobre la mesa. Era evidente que estaba ahí con ese propósito. Leímos muchas de las cosas que ya habíamos escuchado sobre la Dianética.
El tiempo transcurrió rápido. Íbamos en el capítulo 8, unos 35 minutos de la película, y ya eran aproximadamente las 2:00 p. m. Dani y Nata tenían hambre y también teníamos más cosas que hacer en la tarde.
Se dispersaron un poco y les dije que saliéramos a la recepción del lobby para buscar a Mateo y decirle que ya casi teníamos que irnos. Justo en ese momento, sin siquiera verlo venir, fue como si Mateo se hubiera “teletransportado”. ¿Coincidencia o control del recorrido?
Nos preguntó qué habíamos aprendido y nos dijo que pasaríamos al siguiente tema: Cienciología.
Salimos detrás de él nuevamente hacia los tablones. Nos explicó que la cienciología se enfoca más en la parte espiritual del ser, la cual se compone por un triángulo que representa el Triángulo ARC (Afinidad, Realidad y Comunicación), que define los componentes de la comprensión y la mejora de las relaciones personales.

Figura 7. Dinámicas de la existencia
Nos mostró otro video explicando esto y se mencionó nuevamente el E-Meter. Aproveché para preguntarle si era el mismo que habíamos visto antes y afirmó.
—De hecho, acá hay uno, podemos probarlo si quieren.
Le dijimos que sí. Pero cuando fue a buscar las mancuernas y no las encontró, dijo una grosería muy espontáneamente y nos explicó que estaba incompleto, pero que podíamos volver otro día a probarlo. Ese momento me pareció interesante porque rompió un poco la imagen “perfecta”. ¿Hasta qué punto esos pequeños gestos hacen que el discurso se sienta más humano y cercano?

Figura 8. E-Meter Tomada de: https://www.cs.cmu.edu/~dst/Secrets/E-Meter/travolta-star.html
En la figura 8 se muestra el E-Meter en funcionamiento.
Seguimos viendo más tablones. Entramos a una parte en la que en el centro había una mesa y unos cuatro tablones alrededor. Mateo nombró la psiquiatría. Nos dio ejemplos como el electrochoque, un método en el que el paciente recibe descargas eléctricas y, según él, olvida lo vivido. También habló sobre la medicación en la psiquiatría, argumentando que vuelve dependientes a las personas y de alguna manera inconscientes. Nos dijo que Scientology va en contra de estas prácticas.
Ellos prefieren mejorar esos problemas mediante libros, cursos y videos. ¿Es válido rechazar completamente otras formas de tratamiento? ¿Qué implicaciones tiene presentar una sola alternativa como solución?
Luego nos hizo una pregunta:
—¿Han sentido que están cansadas o que algunas personas suelen estar cansadas siempre?
Nos explicó que ofrecen un programa de desintoxicación que mejora hábitos como el ejercicio, la dieta, el consumo de alcohol, drogas e incluso la exposición a la contaminación. Nos dijo que en los pisos de arriba tenían caminadoras y más espacios para eso, y que era un programa exigente al que no se podía faltar nunca. Me pareció interesante porque respondía preguntas que tenía, como qué había en los pisos de arriba.
Pero también me hizo pensar: ¿dónde está la línea entre disciplina y exigencia extrema?
Seguimos con uno de los últimos tablones: la magnitud de Scientology. Nos contó que tienen lugares que ocupan alrededor de seis cuadras, cruceros muy famosos —uno de ellos embarca en Cartagena— y espacios que se pueden visitar libremente. Nos mostró fotos de diferentes edificios en todo el mundo.
Ahí fue cuando dimensionamos la inmensidad de este lugar.¿El tamaño y la presencia global generan mayor legitimidad en la percepción de quienes lo visitan?

Figura 9. Tablón sobre diferentes sedes al rededor del mundo.
Hablamos sobre Tom Cruise, una de las personas más relacionadas con Scientology, envuelto en rumores de pertenecer al último nivel. Mateo explicó que ellos hacen muchas jornadas de ayuda y que por eso reciben medallas honoríficas. También mencionó otros famosos que hacían parte.
Por último, llegamos nuevamente al lobby desolado. Nos invitó a hacer un test de personalidad disponible en internet que, por cuestiones de tiempo, no hicimos ahí, pero que contaré más adelante.
En la pared había un cuadro con los resultados de ese test: una gráfica con un “antes” y un “después” de Scientology, donde todo mejoraba. ¿Es una representación objetiva o una forma de mostrar resultados ideales?

Figura 10. Espacios de análisis de resultados del test de personalidad
Mateo nos dio unas tarjetas y nos dijo que era el final del recorrido. Le dimos las gracias por su tiempo. Él volvió al evento mientras seguía llegando más gente y nosotras bajamos las escaleras y volvimos al carro.
Sé que al inicio de esta salida de campo sonaba que estaba cayendo en el etnocentrismo, pero apenas llegamos me saqué ese chip de la cabeza automáticamente. Iba totalmente abierta a escuchar y aprender. Sin embargo, a varios días de distancia, me pregunto: ¿realmente es posible dejar de lado completamente ese “chip” o solo se transforma en algo más sutil?
Sobre mi test de personalidad, fueron 200 preguntas de sí, quizás o no. Iban desde temas de acuerdo con otras éticas raciales hasta si considero que las demás personas me tienen afecto. Creo que no se pueden leer los resultados sin una cita presencial en Scientology. Traté de investigar y encontré las áreas que evalúan. Claramente no puede salir todo perfecto, porque perdería sentido dentro de su lógica, me muestra que tengo bajos niveles de responsabilidad y otras dos áreas, el resto estaba en un nivel aceptable Automáticamente me agendaron una cita para el día siguiente. Mateo nos explicó que no nos demorábamos más de 15 minutos y que podríamos encontrar cursos que nos beneficiarían.
¿Es solo un test o una puerta de entrada a algo más?

Figura 11. Resultados test de personalidad
Cuando pienso en cómo conocí sobre Scientology, no mencioné una de las razones más claras: mi abuelito asistió durante unos años. Contarle que fui fue muy especial. Se emocionó mucho y me preguntó qué había entendido. Me contó durante aproximadamente media hora por qué decidió ir. Él se encontraba confundido por ciertas actitudes de su padre que afectaban sus relaciones. Primero acudió a un psiquiatra, quien le recetó medicamentos.
Inmediatamente recordé lo que Mateo nos dijo sobre la psiquiatría.
Mi abuelito no se sintió cómodo con esas pastillas y siguió buscando alternativas. ¿qué pasa cuando una persona encuentra alivio en un sistema que al mismo tiempo rechaza otras formas de ayuda? En una de esas búsquedas, mi abuelita encontró en el directorio un lugar llamado Scientology. En ese momento no era tan conocido, era más discreto.
El pasó por el frente antes de entrar y vio a una señora dándole la bienvenida. Dudó, pero luego decidió entrar.
Me contó que todos eran muy amables y elegantes, que le mostraron videos y que encontró coherencia en lo que decían. Incluso participó en el programa de desintoxicación. Ese programa era muy exigente: ejercicio, alimentación estricta, sauna. En uno de esos espacios habló con otra persona y ambos concluyeron que iban a tomar lo mejor de Scientology.
Y creo que esa frase resume mucho.
Porque al final, más allá de si es bueno o malo, correcto o incorrecto, lo que queda es la capacidad de cada persona de decidir qué toma y qué no.
Pero entonces surge otra pregunta: ¿realmente es tan fácil “tomar lo mejor” sin verse influenciado por todo el sistema que lo rodea?
Esta experiencia no me deja una respuesta clara, pero sí algo más importante: la incomodidad de cuestionar sin simplificar.
Y tal vez ahí está el verdadero valor de la etnografía.