lunes, 23 de febrero de 2026

Investigación social cap 4

Anótala Mario Hugo

Por Gabriela Duarte

Iniciamos presentaciones… en teoría de la comunicación III, con Dani fuimos de las primeras en pasar y ahora irónicamente somos las penúltimas. Menos mal lo mejor va para el final (y desde ya estamos pensando en un súper juego que les va a gustar mucho, no falten a nuestra presentación). Empezamos con Etnografía,  aunque supongo que a la mayoría del salón ya se nos hacía familiar esta palabra sin tener ni idea de qué significaba. Seguramente te preguntarás por qué mi bitácora se titula así. Resulta que, al iniciar las exposiciones, la profe, como siempre, iba a hacer un quiz. Como Isa y yo amamos sacarnos buenas notas en todo, tomamos la muy buena decisión de que una anotara y la otra se enfocara más en lo que decían nuestras compañeras. Cuando, de repente, a Isa se le vino a la mente un audio famosito de TikTok que dice:

“Tal vez viva en una jaula de oro, pero una jaula de oro sigue siendo una jaula”
- Oh, que buena frase, anótala Mario Hugo
*Lo anota*

Así que quisimos hacerlo. CLARAMENTE fuera del salón porque debíamos prestar atención, acá el resultado final:

Le pregunté a Isa si ella se había visto 31 minutos, la serie de donde sale este audio y me dijo que no, lastima porque esa serie explica mucho de la etnografía. De hecho, normalmente me siento muy Mario Hugo tomando nota como en un diario de campo. (También porque ama los perros y tiene muchos)

En medio de toda esa explicación sobre culturas, comunidades y formas de ver el mundo me acordé de un episodio y no cualquiera… sino el icónico episodio de “Huachinango sin hogar”.

Porque si lo analizamos bien, ese episodio es casi un mini trabajo etnográfico. No se quedaron mostrándolo desde lejos. Fueron a hablar con él. Se acercaron. Le preguntaron su historia. Intentaron entender qué significaba para Huachinango no tener hogar, cómo vivía, qué sentía.
Huachinango sin hogar
Eso es etnografía

No es mirar desde afuera y decir: “qué raro” o “qué triste”. Es acercarte, convivir, escuchar. Es hacer lo que el investigador hace cuando se integra al grupo y deja de ser solo espectador.
Y ahí entendí que muchas veces vivimos en nuestra propia jaula de oro, creyendo que sabemos cómo funciona el mundo. Pero cuando decides ir “allá”, cuando te sientas a hablar con el otro en vez de etiquetarlo, algo cambia. Ya no estás juzgando desde tu cultura sino que estás intentando comprender desde la suya.
Mientras escribía “método cualitativo (inmersivo)”, entendí que la palabra clave es inmersivo. No es llegar cinco minutos, tomar nota y ya. Es literalmente meterte en la realidad del otro. Es estudiar desde adentro. Es dejar de ser turista cultural y empezar a ser participante. Es escribir en el diario de campo no solo lo que pasó, sino lo que sentiste, lo que pensaste, lo que te cuestionó. Porque en la etnografía el investigador también es parte de la historia. Y ahí entra el enemigo número uno: el etnocentrismo.

Juzgar otra cultura usando la nuestra como medida. Básicamente decir: “si no es como yo lo hago, está mal”. Y eso lo hacemos TODO el tiempo sin darnos cuenta. Cuando decimos “qué raro”, “eso no tiene sentido”, “yo nunca haría eso”. Ahí estamos, felices dentro de nuestra jaula de oro.
Pero la etnografía te obliga a romper eso. Te empuja hacia el relativismo cultural. A aceptar que no existen normas éticas universales que funcionen igual en todos lados. Que lo que para mí puede ser extraño, para otro es tradición. Que lo que para mí es cotidiano, para otro puede ser impensable. Y el diseño etnográfico, que es básicamente comprender cómo una cultura vive y significa el mundo. No solo qué hacen, sino qué significa lo que hacen. Porque no es lo mismo describir una costumbre que entender lo que simboliza para ellos.

Al final, entendí que la etnografía no busca respuestas rápidas. Busca comprensión profunda. Y eso toma tiempo, convivencia y empatía.

En cuanto a la etnografía virtual, propuesta por Christine Hine, se plantea que internet no debe entenderse únicamente como una herramienta, sino como un campo de investigación en sí mismo. Las comunidades digitales también producen cultura, construyen identidades y generan significados compartidos. Entonces, el trabajo etnográfico puede desarrollarse en espacios virtuales, analizando interacciones en redes sociales, foros o plataformas digitales, siempre considerando el contexto y las dinámicas propias de estos entornos. La lógica sigue siendo la misma que en la etnografía clásica: comprender desde dentro, interpretar prácticas y reconocer cómo se construyen los sentidos colectivos.
Por otro lado, en Avatar se evidencian claramente herramientas propias de la investigación cualitativa. La etnografía y la observación participante se hacen visibles cuando Jake Sully se integra a la comunidad Na’vi. No se limita a observarlos desde fuera, sino que aprende su lengua, participa en sus rituales y convive con ellos. Esta inmersión le permite comprender su concepción desde dentro.
El relativismo cultural se manifiesta cuando Jake deja de considerar primitivas las prácticas espirituales y sociales de los Na’vi y comienza a entenderlas como parte de un sistema cultural coherente. El etnocentrismo aparece en los discursos de los personajes humanos que consideran su tecnología y modelo de desarrollo superiores, desvalorizando la cultura Na’vi.
Además, la película puede compararse con procesos históricos de colonización, en los que un grupo con mayor poder tecnológico invade territorios para explotar recursos naturales, imponiendo su visión del mundo sobre comunidades originarias. De esta forma, la historia funciona como una metáfora de dinámicas históricas y contemporáneas relacionadas con la explotación, el poder y la dominación cultural.

Finalmente, la película plantea una dicotomía entre observar desde la distancia y experimentar directamente la realidad. A partir de esto, puede afirmarse que el estudiante investigador debe asumir una actitud crítica, ética y abierta, comprendiendo que la investigación implica no solo analizar, sino también involucrarse con responsabilidad y respeto hacia las comunidades estudiadas.

Si la etnografía nos pide mirar el mundo con los ojos del otro, ¿qué tan dispuestos estamos a cuestionar nuestra propia verdad cuando descubrimos que no es la única posible? 

¿Lo anotaste Mario Hugo?




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