martes, 3 de marzo de 2026

Investigación social cap. 5

 Confesión 

Por: Gabriela Duarte

Esta semana hablamos sobre las 4 leyes del espejo: 
1. Lo que me molesta del otro, está dentro de mí:
2. Lo que al otro le molesta de mí, si me afecta, está dentro de mí 
3. Lo que me gusta del otro, también está dentro de mí
4. Lo que al otro le molesta de mí, si no me afecta, está dentro de él

Siento que estas leyes se quedaran grabadas de alguna manera dentro de nosotros, va a ser como el efecto Spotlight  que vimos en teorías, el cual hasta el día de hoy lo solemos mencionar en conversaciones casuales con mis amigas y que hasta se lo enseñé a mis papás, mi tía y más. Cuando salimos de la clase lo mencionamos y todo…

Y acá viene la confesión, No estoy totalmente de acuerdo con la ley número uno: “Lo que me molesta del otro, está dentro de mí”. Y no estoy segura de si mi resistencia se debe a que, en el fondo, me incomoda aceptar que puede ser cierta en algunos casos. Tal vez hay algo de verdad en esa incomodidad.

Desde el psicoanálisis, Sigmund Freud habla del mecanismo de defensa llamado proyección, que consiste en atribuir a otros características, deseos o defectos que no queremos reconocer en nosotros mismos. En ese sentido, la ley tendría un sustento teórico: lo que critico afuera puede ser algo que, consciente o inconscientemente, también habita en mí.

Si analizo con honestidad algunas cosas que me molestan de ciertas personas  (incluso de mi papá) puedo reconocer que varias de esas actitudes también están en mí. Y reconocerlo no es cómodo, pero sí me hace ser algo más consciente. Aceptar en qué fallo me permite observarme con más claridad e intentar mejorar.

Sin embargo, tampoco creo que la ley sea absoluta. No todo lo que me molesta del otro necesariamente es un reflejo mío. A veces lo que incomoda tiene que ver con límites personales, valores o experiencias previas. Carl Jung profundiza esta idea a través del concepto de la “sombra”, esa parte de nosotros que reprimimos o negamos. Pero incluso Jung reconoce que el proceso de individuación implica distinguir entre lo que realmente proyectamos y lo que simplemente no aceptamos porque contradice nuestros principios.

Por eso mi conflicto no es blanco o negro. No creo que la ley sea falsa, pero tampoco creo que funcione como una regla universal. Me parece más honesto entenderla como una invitación a la autoevaluación: antes de señalar, preguntarme si hay algo en mí que también necesita revisión.

Sé que no soy perfecta, ni la mejor del universo pero sí soy buena reconociendo en qué me equivoco. Y tal vez ahí está el punto más importante: no usar esta ley para culparme de todo lo que me molesta, sino para cuestionarme cuando sea necesario.

Durante tres días no solo reaccioné sino que analicé situaciones en las que sintiera enojo, admiración y una crítica.
- Una de las situaciones que más me molestó fue cuando mi papá se estaba quejando de que le dolía la espalda y le echó la culpa a la forma en la que estaba tendida la cama ese día, por un simple doblez. Me incomodó mucho la manera en la que buscó un culpable donde, objetivamente, no lo había. Sentí que era injusto. Esa necesidad de responsabilizar a algo externo por algo que probablemente tenía otra causa me pareció exagerada.

- Admiré mucho cuando mi mamá invitó a mi abuelita (su suegra) a almorzar pensando en la comodidad de mis abuelitos, el ambiente del lugar y todos esos detalles pequeños que hacen que alguien se sienta cuidado. Me pareció un gesto muy empático y tierno. No fue algo grande, pero fue intencional (te amo mami)

 Hubo un momento en el que mi tía me dijo que yo era muy “peleona”. Y, sorprendentemente, no me afectó. Me dio risa. No sentí que tocara algo sensible en mí.

Primer espejo:

Los juicios o actitudes que me afectan suelen tener que ver con la injusticia o la falta de responsabilidad. En el caso de mi papá, lo que me molestó fue esa tendencia a buscar culpables externos. Si soy honesta, a veces yo también puedo caer en eso: justificar mi malestar señalando algo afuera en lugar de asumir mi parte. Tal vez por eso me incomodó tanto. Reconocerlo no es agradable, pero sí revelador.

Segundo espejo:

Cuando mi tía me dijo que era “peleona” y no me afectó, entendí que tal vez esa crítica habla más de su percepción que de mi identidad. Si no tocó ninguna inseguridad real en mí, probablemente no se relaciona con algo que yo esté negando, sino con cómo ella interpreta mi forma de expresarme.

Tercer espejo:

Lo que admiré en mi mamá, su empatía y consideración,  también me obliga a preguntarme si eso existe en mí. Y creo que sí. Cuando me tomo el tiempo de pensar en los demás, de organizar algo considerando su comodidad o emociones, también estoy actuando desde la empatía. Admiramos en otros lo que reconocemos.

Cuarto espejo:

Aquí entra algo clave: cuánto poder le doy a cada situación. En el caso de mi papá, le di bastante poder. Me molesté más de lo necesario. En cambio, el comentario de mi tía no tuvo impacto porque no le di importancia. Esto me hace pensar que muchas veces no es lo que pasa, sino la interpretación y el peso que yo decido otorgarle.

En clase también hablamos de la fenomenología, su padre es Edmund Husserl. Uno de los pasos a seguir para una investigación es la suspensión del juicio “Epoché”, para aplicarlo el profe nos puso la tarea de observar un espacio público durante 10 minutos, sin interpretar ninguna situación. Elegí la plazoleta de comidas de un centro comercial lo suficientemente lleno como para tener contenido: Observé a una familia sentada en una mesa. En un momento comenzaron a hablar en un tono de voz más alto. Los papás dirigieron palabras firmes hacia su hijo. El niño permaneció en silencio pero lloraba mientras lo miraban. Después de unos minutos, el niño dijo “perdón” y abrazó a sus papás. Luego continuaron en la mesa por un momento más. Cuando terminaron y se levantaron para irse, dejaron sobre la mesa envases, restos de comida y bandejas. Eso fue lo que vi.

Al intentar suspender mis creencias y prejuicios, noté lo difícil que es describir sin interpretar. Mi impulso inmediato era pensar que los padres estaban siendo duros, que el niño había hecho algo “malo” o que la familia era desordenada por dejar basura. Pero al aplicar el epojé, me limité a registrar acciones que se pueden solo observar: tono de voz elevado, una disculpa, objetos dejados sobre la mesa.

Cuando evito juzgar de inmediato, mi percepción cambia. La escena se vuelve menos cargada emocionalmente. Ya no es “una familia problemática” ni “unos padres irresponsables”, sino una secuencia de comportamientos en un espacio público. La realidad se vuelve más descriptiva y menos narrativa.

Descubrí que mi manera habitual de percibir lo social está atravesada por interpretaciones automáticas. Suelo (¿o solemos?) asignar intenciones, valores y explicaciones casi de inmediato. Construyo una historia completa en segundos. El ejercicio me mostró que esa historia no siempre está basada en hechos, sino en mis experiencias previas, mis valores y mis ideas sobre lo que “debería” ocurrir.

También entendí que lograr una observación completamente “pura” es muy difícil. Siempre hay un marco previo desde el cual miramos. Sin embargo, intentar suspender el juicio permite acercarse más a los hechos y ser consciente de cuándo estoy describiendo y cuándo estoy interpretando.

Más que eliminar la interpretación, el epojé me ayudó a reconocerla.

Fueron ejercicios muy interesantes los de esta semana, al juntarlos y aplicarlos en mi vida (Además de lo que ya mencioné en esta bitácora) me di cuenta de muchas cosas, pude soltar mucha otras y realmente me hizo sentir muy bien conmigo misma. 

Esto es la investigación social, es escribir.  Pero no escribir cualquier cosa, sino escribir con conciencia. Escribir sabiendo cuándo estoy describiendo y cuándo estoy interpretando. Escribir reconociendo que mi mirada nunca es completamente neutral, pero que puede volverse más minuciosa si soy capaz de cuestionarla.

La epojé no elimina mis prejuicios; los hace visibles. Porque investigar no es fingir objetividad absoluta, sino hacer explícita la posición desde la cual observo.

Si cada vez que describo una escena ya estoy seleccionando qué contar y qué dejar fuera, entonces la investigación social no es solo recolección de hechos, sino un ejercicio constante de responsabilidad epistemológica. Lo que escribo construye realidad. Y eso implica ética.

Tal vez nunca logremos una observación completamente “pura”, pero el verdadero rigor está en reconocer nuestros filtros y aun así intentar comprender antes de juzgar.

Nos vemos la próxima semana.

Bibliografía

Noguchi, Y. (s/f). Fenomenología y las leyes de los espejos.

TikTok - make your day. (s/f). Tiktok.com. Recuperado el 4 de marzo de 2026, de https://www.tiktok.com/@lalobri/video/6914446695975718149?is_from_webapp=1&sender_device=pc&web_id=7262731904218449414&classId=3ab8d078-f1f8-4b0f-9c32-bf7e2e569ec9&assignmentId=2fb90ab6-6aa3-4597-adce-4757b77044c0&submissionId=615c775e-db84-4ed5-62b9-02ceb8f5b827







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