A veces todo sale al revés y está bien
Por: Gabriela Duarte
Justo ahora que estoy sentada en el estudio de mi casa escribiendo esta bitácora, mi cabeza está dando mil vueltas, pocas veces suelo sentirme así, así de agobiada, cansada, poco motivada, con los ojos algo hinchados porque soy muy sensible, momentos en los que todo se junta, literalmente todo, momentos en los que llorar y un abrazo de mi mamá son lo más reconfortante. Gracias a la persona que me dio la vida, que me motiva, que más amo en este universo, que siempre sabrá como sacarme una sonrisa, de la que estoy más orgullosa y la más sabia (Mi mamá) sé que este momento es solo pasajero y que no viene sin razón. Esos momentos de alegría en los que no puedes describir lo que sientes e irónicamente esos de estrés y tristeza en los que pasa lo mismo, son esos que te ayudan a seguir creciendo y aprendiendo cada día más.
El arte prodigioso de pensar sintiendo
Si pienso en la clase de hace ocho días, la recuerdo viéndola dese otros ojos, en los que me sentía menos abrumada, fue una clase chévere, como siempre suelen ser, estábamos un poquito nerviosas por el control de lectura, pero nos sacamos 5 con Isa, nada más eso, me recuerda que todo pasa, esos nervios que sentíamos ya no están más, aunque en su momento parecen algo fastidiosos, es algo que hoy, a tan solo ocho días de que eso pasara, ahora me alegra y hace valorar el lindo momento que fue. ¿Cuando más volveré a sentir eso? ¿Cuando más estaré en quinto semestre asustándome por las notas? Por eso trato de disfrutar cada momento tal como es.
En clase también hablamos de la investigación acción participativa (IAP), esta busca transformar la realidad mucho más allá de interpretarla o explicarla, los mismos investigadores de sus realidades. Y eso me hizo pensar bastante, porque muchas veces uno se imagina la investigación como algo lejano, como si el investigador estuviera parado afuera mirando lo que pasa, casi como un espectador. Pero la idea que propone Orlando Fals Borda es otra muy distinta: que quienes investigan también hacen parte de esa realidad, la sienten, la viven y la cuestionan. No es solamente analizar lo que pasa, es comprometerse con ello.
Ahí aparece algo que me pareció muy bonito y que conecta mucho con cómo me sentía justo antes de empezar a escribir todo esto: la idea de ser “sentipensante”. En el video se habla de cómo en muchas comunidades del Caribe se usaba esa palabra para describir a las personas que piensan con la cabeza pero también con el corazón. Y me parece una forma muy valiosa de entender el conocimiento, porque rompe con esa idea de que para saber algo hay que dejar las emociones a un lado.
En realidad, sentir también es una forma de comprender. Las experiencias, las dudas, incluso los momentos en los que uno se siente perdido, también hacen parte de cómo entendemos el mundo. Tal vez por eso escribir esta bitácora hoy, justo en una semana en la que me he sentido tan abrumada, tiene sentido. Porque al final pensar y sentir no son dos cosas separadas, más bien se mezclan todo el tiempo, en la universidad, en las clases, en las conversaciones y también en estos momentos más personales en los que uno intenta poner en palabras lo que le está pasando por dentro.
El sentir pensando parte de la idea de que el saber sirve para hallar rumbos y el conocimiento para transformarlos — Orlando Fals Borda.
Algo que propone Paulo Freire, cuando habla de que el conocimiento no debería ser algo que simplemente recibimos como si nos lo “depositaran” en la cabeza, sino algo que construimos dialogando con otros y con la realidad que vivimos. Me gusta pensar que esta idea conversa muy bien con lo que plantea Orlando Fals Borda y con eso de ser sentipensantes. Al final aprender no es solo repetir conceptos, es cuestionarlos, relacionarlos con lo que uno vive y, de alguna manera, dejar que también nos transformen un poquito.
Al final, creo que por eso termino tomándome estas bitácoras como un pequeño diario público. Puede sonar raro decir que una tarea de la universidad se vuelve algo íntimo, pero eso exactamente lo que s volvió. Es de los pocos momentos de la semana en los que realmente paro y me obligo a escucharme. A veces uno va tan rápido entre clases, entregas, lecturas, notas y expectativas, que se le olvida preguntarse cómo está de verdad. Y escribir aquí termina siendo una especie de pausa en medio de todo eso.
También me doy cuenta de que desahogarme escribiendo me ayuda a poner las cosas en perspectiva. Lo que en un momento se siente gigante, unos días después ya no pesa igual. Todo pasa, incluso lo que en el momento parece imposible de manejar. Mención especial a: El perdón. No en un sentido dramático, sino algo más simple. El perdón de entender que uno también está aprendiendo, que no siempre va a tener la energía perfecta, que hay días en los que simplemente se siente más sensible, más cansada o más perdida. Y está bien.
Todo esto, me deja esa idea de que pensar y sentir no deberían separarse tanto. Que también se puede aprender desde lo que uno vive, desde lo que le pasa por dentro. Porque al final, incluso estos momentos en los que todo parece salir un poco al revés, también terminan enseñándote algo. Y a veces, escribirlo es la mejor forma de darse cuenta.
Si aprender también es sentir, y sentir también es una forma de conocer, ¿cuántas de las cosas más importantes que entendemos en la vida en realidad no las aprendemos en un libro sino en esos momentos en los que simplemente nos toca sentirlas?
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