martes, 17 de marzo de 2026

Investigación social cap. 7

 

Recogiendo los frutos 

Por: Gabriela Duarte

Esta semana empecé investigación con toda, el Profe pide un voluntario para leer la bitácora y soy la primera en levantar la mano con emoción, la leímos, pop corn, el Profe hace su retroalimentación como siempre, pero esta semana también lo acompañó la monitora. Esta vez quedé un más motivada que siempre, destacaron muchas cosas buenas de mis bitácoras, de su contenido y hasta de su estilo. Valoraron que disfrute mucho escribirlas y que se vuelva ese usuario intimo conmigo misma y mis conocimientos. En serio que nos hace mucha falta esos espacios para parar y sacar el pensamiento crítico o hasta autoconocimiento para escribir. Aunque es genial que solo te digan cosas positivas, también son muy importantes eso comentarios constructivos, los guardaré y aplicaré siempre. Hasta me gané el like pero al profe se le olvidó ponerlo. 

Sobre la clase me quedó sonando algo que parece demasiado obvio, pero cuando uno lo piensa bien no lo es tanto: observar no es solo mirar. Uno cree que sí, que observar es estar ahí, ver lo que pasa y ya. Pero no. Observar de verdad implica incomodarse un poquito, empezar a hacerse preguntas y, sobre todo, darse cuenta de que lo que uno ve nunca es completamente neutral.
Volví a leer la bitácora Straight Outta Olympus de Pablo Castro, un estudiante que hizo su salida de campo en 2021,  siento que ahí fue donde todo hizo más sentido. Porque el texto no es solo una descripción de un lugar, sino una cadena de preguntas que van creciendo a medida que el autor observa. Y eso fue lo que más me llamó la atención: cómo algo que empieza siendo una salida de campo termina convirtiéndose en un montón de cuestionamientos mucho más grandes.
Hay partes donde el autor se detiene y duda, y para mí esas son las más importantes:
“¿Quién creó Apolo’s Men? ¿Un hombre? ¿Una mujer? ¿Una persona no binaria o de género fluido?”
Esta pregunta, aunque suena simple, me parece clave porque no se queda en lo evidente. No es solo “qué es este lugar”, sino “desde dónde fue pensado”. Porque no es lo mismo que un espacio así esté construido desde una mirada masculina tradicional, a que esté pensado desde otra perspectiva. Ahí ya empieza a aparecer todo el tema de poder, de intención, de quién define cómo se ve y se vive ese espacio.
“¿Si una mujer en Apolo’s encontraba a uno de los bailarines demasiado sexy… lo podía hacer? ¿El club contempla este modelo de negocio…?”
Aquí ya se siente un cambio. No es solo curiosidad, es empezar a cuestionar cómo funciona realmente ese lugar. Si es solo espectáculo o si hay otras dinámicas detrás. Me parece importante porque conecta con algo más grande: cómo se regula el deseo, quién puede expresar qué y hasta dónde llega lo “permitido”.
“¿Por qué a la mujer no se le ha reconocido totalmente la capacidad de explorar su sexualidad…?”
Esta fue tan de las que más me hizo ruido. Porque ahí el autor deja de hablar solo del club y empieza a hablar de la sociedad. Es como si la observación se expandiera. Ya no es solo lo que pasa en ese espacio, sino lo que ese espacio refleja de algo mucho más amplio.
Y creo que ahí está lo importante de la investigación social: no quedarse en lo que se ve, sino entender qué hay detrás.
A partir de eso, entendí mejor lo de los alcances de investigación. Antes de esta materia lo veía como algo un poco mecánico (exploratorio, descriptivo, etc.), pero ahora lo entiendo más como decisiones que uno toma frente a lo que observa.
- Exploratorio: 
¿Quiénes están detrás de la creación de Apolo’s Men?
Esta pregunta busca entender algo que todavía no está claro. No pretende responder todo, sino abrir el panorama.
Para investigarla necesitaría entrevistas, contexto del lugar, entender cómo surgió, quién lo pensó.
- Descriptivo: 
¿Cómo se comportan las mujeres durante el espectáculo?
Aquí la idea no es suponer, sino ver qué pasa realmente. Observar sin inventarse historias.
Necesitaría observación participante, notas detalladas, registrar comportamientos sin interpretarlos de inmediato.
- Correlacional: 
¿Qué relación hay entre la edad de las asistentes y su forma de reaccionar?
Ya no es solo observar, sino empezar a encontrar patrones.
Se necesitarían datos más organizados: encuestas, registros, comparar variables.
- Explicativo: 
¿Por qué hay menos clubes de strippers masculinos que femeninos?
Esta ya es una pregunta más profunda. Busca causas, no solo descripción.
Aquí entrarían entrevistas, análisis del mercado, contexto cultural, historia.
Lo interesante es que la idea base es la misma, pero dependiendo de cómo la mires, cambia completamente lo que haces con ella. Es como si la investigación no dependiera solo del tema, sino del tipo de mirada que decides tener.
Al final, lo que me quedó de todo esto es que una salida de campo no es algo simple. No es ir, mirar, anotar y ya. Es más bien un punto de partida.
Uno podría quedarse en lo superficial, describiendo lo que vio, o podría empezar a hacerse preguntas más incómodas, más profundas. Y creo que ahí es donde realmente empieza la investigación.
También entendí que no hay una sola forma “correcta” de investigar. Todo depende de qué quieres entender. Si quieres explorar, describes una cosa. Si quieres explicar, necesitas ir mucho más allá. Y eso implica tiempo, más información, más preguntas.
Siento que lo más valioso de este ejercicio fue darme cuenta de que investigar no es tener respuestas claras desde el inicio. Es más bien aceptar que no entiendes del todo lo que estás viendo y usar eso como punto de partida.
Porque al final, lo que convierte una observación en investigación no es lo que ves, sino las preguntas que decides hacerte después.
Dato curioso:

El lunes pasado llegué a mi casa a investigar sobre el lugar que teníamos planeado con mis amigas para nuestra salida de campo, era un lugar medianamente conocido y que según vi tiene varias sedes en Bogotá, una de ellas muy cerca a mi casa (por eso supe de su existencia). Cuando investigué un poco en Google me salió una pagina que decía: Gnosis, así es una de las sectas más peligrosas del mundo. 

Claramente tuvimos que cambiar de planes pero aunque quedamos con más curiosidad puede ser un poco arriesgado ir.

Pero entonces me pregunté si era miedo… o si en el fondo estaba justificando no ir. Pero también me pregunté algo que creo que es más importante: ¿por qué sentimos que investigar implica exponerse hasta ese punto? ¿En qué momento se volvió casi una prueba de “qué tan comprometido estás” el hecho de ponerte en riesgo?

Siento que puede haber una idea medio romantizada de la salida de campo, como si el buen investigador fuera el que se mete a cualquier contexto sin pensarlo mucho. Pero la realidad es que el investigador también es un cuerpo, una persona, alguien que puede estar en peligro. No somos invisibles, no somos neutrales, no somos inmunes.

Entonces, ¿qué pesa más: el deseo de entender o la responsabilidad de cuidarse? ¿Hasta dónde es válido llegar en nombre del conocimiento? ¿Y quién define ese límite?

También me hizo cuestionar algo más incómodo: ¿desde dónde investigamos? Porque no es lo mismo observar un contexto de riesgo cuando tú puedes salir de ahí, que cuando alguien vive esa realidad todos los días. Hay una diferencia entre elegir entrar y no tener opción de salir.

Tal vez por eso decidir no ir también es una postura. No es solo miedo, es reconocer que no todo se puede investigar de cualquier manera. Que hay contextos donde el acceso no es tan simple como “ir y mirar”. Y que insistir en eso también puede ser irresponsable.

Entonces me quedo con esa tensión. Con la incomodidad de no saber si hice lo correcto, pero también con la claridad de que investigar no es solo recolectar información. Es tomar decisiones todo el tiempo. Decisiones que también dicen algo de uno.

Porque al final, la pregunta no es solo qué quiero investigar.

Es: ¿qué estoy dispuesto a poner en juego para hacerlo?

Al final, recoger frutos no es solo obtener respuestas, sino entender qué decisiones tuve que tomar para llegar a ellas… y cuáles decidí no cruza


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